
"En el erotismo hay dos fuentes de creación:
el miedo, la angustia de la muerte.
Y la pasión erótica.
Y las dos están presentes, constantemente, en mi obra"
Salvador Dalí
Es
indudable que sin la proximidad constante de Gala durante cincuenta
años, la obra de Dalí hubiera discurrido por otros derroteros imposibles
de vislumbrar. Suele decirse que Gala influyó negativamente en la obra
de Dalí y que, sin su apremio, la producción del pintor hubiera sido más
limitada y por consiguiente más meditada, factores que hubieran
contribuido a una mayor cotización tras su muerte. Se acusa a Gala de
haber inducido a Dalí a derivar su creatividad hacia actividades de
dudoso gusto: joyería, escaparatismo, creación de objetos de regalo,
etc... Pero también es cierto que sin la presencia de Gala, no hubieran
visto la luz muchos de los mejores cuadros del mago de Port Lligat en
los que la imagen de la que pudo ser llamada con propiedad "musa", se
repite casi obsesivamente, nunca habrían sido pintados ni las dos "Madonas de Port Lligat", ni la "Assumpta Corpuscularia Lapislazzulina", ni la "Leda Atómica",
de las que ya hemos hablado, ni otras muchas telas más en las que
reprodujo, casi hasta su fallecimiento, los rasgos de su amada. Es
posible incluso que el carácter de Dalí le hubiera sumido en
depresiones, accesos compulsivos de timidez e incluso en el abandono de
la actividad como pintor o un suicidio precoz como su amigo, René
Crevel; nosotros incluso pensamos, sin la presencia de Gala, el pintor
no hubiera alcanzado jamás las cotas de concentración en su obra que
logró. Más aún, sin Gala no hubiera existido el Salvador Dalí que
conocemos.
En
la relación Gala-Dalí hay algo sublime: pocos amores, en efecto, han
sido tan extremos, exaltados y sinceros como el que Salvador Dalí sintió
por la única mujer de su vida, Helena Diakonoff, Helena Deluvina,
llamada por él Gala, Galuchka, Gradiva, Galarina, etc. A través de éste
amor, Dalí llega a situaciones de éxtasis místico como solo Dante podía
haber alcanzado en la contemplación de su amada, la inaccesible y eterna
Beatriz Portinari. Pero, junto a todo esto, existe un aspecto
problemático, con ribetes desagradables sino viciosos, cuya presencia
tiene un peso específico en la ecuación personal de Salvador Dalí. Hay
que decir en su descargo -y en ello coincidimos con las apreciaciones de
Ana María Dalí, hermana del pintor- que el contacto con el grupo
surrealista -y más especialmente con algunos de sus miembros: René
Magritte, Paul Eluard, Max Ernst, René Crevel- tuvo una repercusión
favorable al desarrollo de estas tendencias problemáticas en la
sexualidad daliniana, presentes ya desde su infancia; Gala procedía,
inicialmente, de este entorno.
Pero
hay otro elemento a tener en cuenta. Gala era una mujer muy particular.
Estaba dotada de notables cualidades paranormales y, por lo demás,
solía utilizar procedimientos mágicos para acometer su actividad diaria,
como veremos más adelante. Así pues, lo esencial de las relaciones
Gala-Dalí están contenidas bajo el epígrafe de la sexualidad, pero no de
una sexualidad cualquiera, animalesca y primitiva, o simplemente
romántica y apasionada, ni mucho menos burguesa y convencional, sino de
una sexualidad mágica sobre la que existen abundantes datos:
tanto documentales, como testimoniales, siendo, los más importantes,
desde nuestro punto de vista, las propias telas del pintor en las que
aparece su amada en distintas actitudes.
Gala
fue, a lo largo de toda su vida, una mujer libre; nunca se sintió
condicionada ni coartada ante nada ni ante nadie, impuso su voluntad
allí donde quiso, evidenciando frecuentemente modales groseros, bruscos o
agresivos. Quienes la conocieron afirman que mostró sobradamente
cualidades paranormales, mediúmnicas, y que dominaba el arte
adivinatorio del Tarot. Gala solía acertar en sus predicciones con el
tarot: estableció a través de este método la fama de Eluard y, mediante
este método, condicionó a Dalí, día a día, durante 50 años. Era
extremadamente supersticiosa y compartía este hábito con el pintor.
Creía tener -y probablemente así era- aptitudes para la magia
ceremonial. Dalí decía de ella: "Gala es una médium de verdad...
Gala nunca, nunca, se equivoca. Lee las cartas con una seguridad
asombrosa. Le predijo a mi padre el curso exacto de mi vida. Anunció la
enfermedad y el suicidio de René Crevel". Cuando eso ocurría, Dalí y Gala se sentía atraídos irresistiblemente por la magia de las velas.