
"En el erotismo hay dos fuentes de creación:
el miedo, la angustia de la muerte.
Y la pasión erótica.
Y las dos están presentes, constantemente, en mi obra"
Salvador Dalí
Es
indudable que sin la proximidad constante de Gala durante cincuenta
años, la obra de Dalí hubiera discurrido por otros derroteros imposibles
de vislumbrar. Suele decirse que Gala influyó negativamente en la obra
de Dalí y que, sin su apremio, la producción del pintor hubiera sido más
limitada y por consiguiente más meditada, factores que hubieran
contribuido a una mayor cotización tras su muerte. Se acusa a Gala de
haber inducido a Dalí a derivar su creatividad hacia actividades de
dudoso gusto: joyería, escaparatismo, creación de objetos de regalo,
etc... Pero también es cierto que sin la presencia de Gala, no hubieran
visto la luz muchos de los mejores cuadros del mago de Port Lligat en
los que la imagen de la que pudo ser llamada con propiedad "musa", se
repite casi obsesivamente, nunca habrían sido pintados ni las dos "Madonas de Port Lligat", ni la "Assumpta Corpuscularia Lapislazzulina", ni la "Leda Atómica",
de las que ya hemos hablado, ni otras muchas telas más en las que
reprodujo, casi hasta su fallecimiento, los rasgos de su amada. Es
posible incluso que el carácter de Dalí le hubiera sumido en
depresiones, accesos compulsivos de timidez e incluso en el abandono de
la actividad como pintor o un suicidio precoz como su amigo, René
Crevel; nosotros incluso pensamos, sin la presencia de Gala, el pintor
no hubiera alcanzado jamás las cotas de concentración en su obra que
logró. Más aún, sin Gala no hubiera existido el Salvador Dalí que
conocemos.
En
la relación Gala-Dalí hay algo sublime: pocos amores, en efecto, han
sido tan extremos, exaltados y sinceros como el que Salvador Dalí sintió
por la única mujer de su vida, Helena Diakonoff, Helena Deluvina,
llamada por él Gala, Galuchka, Gradiva, Galarina, etc. A través de éste
amor, Dalí llega a situaciones de éxtasis místico como solo Dante podía
haber alcanzado en la contemplación de su amada, la inaccesible y eterna
Beatriz Portinari. Pero, junto a todo esto, existe un aspecto
problemático, con ribetes desagradables sino viciosos, cuya presencia
tiene un peso específico en la ecuación personal de Salvador Dalí. Hay
que decir en su descargo -y en ello coincidimos con las apreciaciones de
Ana María Dalí, hermana del pintor- que el contacto con el grupo
surrealista -y más especialmente con algunos de sus miembros: René
Magritte, Paul Eluard, Max Ernst, René Crevel- tuvo una repercusión
favorable al desarrollo de estas tendencias problemáticas en la
sexualidad daliniana, presentes ya desde su infancia; Gala procedía,
inicialmente, de este entorno.
Pero
hay otro elemento a tener en cuenta. Gala era una mujer muy particular.
Estaba dotada de notables cualidades paranormales y, por lo demás,
solía utilizar procedimientos mágicos para acometer su actividad diaria,
como veremos más adelante. Así pues, lo esencial de las relaciones
Gala-Dalí están contenidas bajo el epígrafe de la sexualidad, pero no de
una sexualidad cualquiera, animalesca y primitiva, o simplemente
romántica y apasionada, ni mucho menos burguesa y convencional, sino de
una sexualidad mágica sobre la que existen abundantes datos:
tanto documentales, como testimoniales, siendo, los más importantes,
desde nuestro punto de vista, las propias telas del pintor en las que
aparece su amada en distintas actitudes.
Gala
fue, a lo largo de toda su vida, una mujer libre; nunca se sintió
condicionada ni coartada ante nada ni ante nadie, impuso su voluntad
allí donde quiso, evidenciando frecuentemente modales groseros, bruscos o
agresivos. Quienes la conocieron afirman que mostró sobradamente
cualidades paranormales, mediúmnicas, y que dominaba el arte
adivinatorio del Tarot. Gala solía acertar en sus predicciones con el
tarot: estableció a través de este método la fama de Eluard y, mediante
este método, condicionó a Dalí, día a día, durante 50 años. Era
extremadamente supersticiosa y compartía este hábito con el pintor.
Creía tener -y probablemente así era- aptitudes para la magia
ceremonial. Dalí decía de ella: "Gala es una médium de verdad...
Gala nunca, nunca, se equivoca. Lee las cartas con una seguridad
asombrosa. Le predijo a mi padre el curso exacto de mi vida. Anunció la
enfermedad y el suicidio de René Crevel". Cuando eso ocurría, Dalí y Gala se sentía atraídos irresistiblemente por la magia de las velas.
En 1932, el pintor publicó un artículo sobre "El objeto revelado por la experimentación surrealista",
en el cual demostraba conocer al detalle la utilización de la cera con
fines mágicos. En una exposición de objetos surrealistas, Eluard había
presentado un candela, Dalí, comentándolo escribe: "La cera no es
solamente una de las sustancias más manejables que hay sino que
antiguamente también era comida como vemos en determinados cuentos
orientales; además, la lectura de algunos relatos catalanes de la Edad
Media, nos muestran que la cera era utilizada en la magia donde gozaba
de la reputación de provocar metamórfosis y suscitar la realización de
deseos. Es bien conocido de todos que la cera era casi la única
sustancia utilizada en la fabricación de efigies en brujería, efigies
que eran pinchadas con agujas". Y más adelante menciona técnicas
mágicas que María de Naglowska explicaba en sus conferencias de "La
Coupole", en las mismas fechas que Dali escribía estas líneas para "This Quarter":
"Hace falta tener en cuenta el significado de la consubstancialidad de
la cera con la miel, en el hecho de que la miel es utilizada a menudo en
magia con propósitos eróticos". María de Naglowska (o P.B.Randolph) en el libro "Magia Sexual",
describe en cuatro ocasiones la utilidad de la "cera de abeja" con
fines mágicos. La Naglowska afirma que este material es necesario para
fabricar "volts" (condensadores fluídicos que deberían saturarse de
energía sexual y en la construcción de "estatuillas animadas"). Dalí
describe una escena a la que, seguramente, ha asistido en algún centro
de reunión surrealista o en algún círculo ocultista: "Con ocasión de
las sesiones de hipnotismo y de conjuraciones públicas donde se
manifiestan determinadas supervivencias mágicas, es muy frecuente ver
tragarse velas".
Hemos
visto la importancia de la brujería en el Empordà, territorio en el que
la superstición ha estado siempre presente en los hogares. No es raro
que Dalí y Gala congeniaran en este terreno: él habituado, incluso a
través de sus relaciones con la famosa Lidia, a conocer directamente la
superstición y la hechicería como algo propio de la mujer; ella,
procedente de un país del que su hermana decía a la periodista Chantal
Veuillé "los rusos son muy supersticiosos" y "ella [Gala] era supersticiosa como Puschkin, Tolstoi o Dostoievsky".
Rusia fue siempre un terreno abonado para la superstición, Rasputin
pudo ascender allí hasta las alcobas de la realeza; poco antes, los
ocultistas "Papus" (Gerard d'Encausse) y "Maître" Philipe de Lyon,
tuvieron mejor acogida que en su Francia natal; durante la revolución el
"movimiento cosmista" de N. Fiodorov, difundió una especie de
vampirismo y de culto racionalista a la sangre. Gala, no lo olvidemos,
procedía de la Rusia profunda y tradicional, donde el chamán y el brujo,
los ritos con transfondo sexual y las ceremonias neopaganas, coexistían
con los iconos, los popes barbudos y la ortodoxia más venerable. Fue en
su tierra natal donde emprendió -según su propia confesión, a los 15
años- la senda de lo paranormal y en aquella misma sociedad rural, debió
conocer entre los sirvientes a chamanes y brujos que le transmitieran
creencias y supersticiones. A partir de esa lejana fecha empieza a
cultivar su "secreto". Nadie lo conoce: "El secreto de mi secreto es que no lo desvelo",
había ironizado. Solo Dalí. Posiblemente, se trate, como algún analista
y biógrafo ha resaltado, que su apariencia de mujer dura e
inmisericorde no es más que una fachada para encubrir su verdadera
debilidad interior. No estamos de acuerdo. Hay pistas suficientes que
indican que el secreto de Gala es su conocimiento de las artes mágicas y
el estar versada en ciencias ocultas.
GALA MEDIUM DE LOS SURREALISTAS
Paul
Eluard, uno de los más destacados poetas surrealistas, era, como buena
parte de ellos, un burgués de costumbres disipadas. Bretón, en el fondo
era un puritano, apenas podía disimular el disgusto que sufría ante
algunas actitudes de Eluard y de su entorno. Fue a través de él como
Gala entró en el mundo de las vanguardias artísticas y una vez dentro,
con el beneplácito de Eluard, pasaría de uno a otro. Al pintor italiano
Giorgio de Chirico, tras contactar con el movimiento surrealista, se le
hizo saber que podía disponer de Gala para lo que gustara. De Chirico no
rechazó la oferta; Max Ernst hizo otro tanto. Otros muchos corazones
surrealistas fueron seducidos por la misteriosa Gala, cuyo origen ruso,
constituía, ya de por sí, un aliciente y verdadera garantía de exotismo y
misterio. Se decía que si alguien producía una buena obra literaria es
que debía haberse enamorado de Gala; también se comentaba que todo el
que había sido abrazado por Gala, al cabo de nueve meses alumbraba
alguna genialidad. La diferencia entre todas estos pintores y poetas a
los que inspiró y la relación que sostuvo con Dalí, radica en que pasó
junto a éste más de cincuenta años de su vida, mientras que con el
resto, la relación fue solo fortuita.
Al
conocer Gala a Eluard, antes de la Primera Guerra Mundial, en el
sanatorio suizo de Clevedel, apenas era una adolescente inquieta
aquejada de una enfermedad pulmonar; lo ignoraba todo del sexo y del
amor; reconoció en el poeta francés a su príncipe azul. Paul Eugene
Grindel, nombre auténtico de Eluard, tenía una sexualidad extraña y
atípica, que no evidenció hasta finalizada la guerra en la que combatió,
primero como enfermero de retaguardia y luego como soldado del frente a
petición propia. Eluard solo estaba interesado por los "menage a
trois"; le gustaba ver como una mujer se acostaba con otros hombres y
también relaciones entre mujeres.
Al
primer encuentro en Suiza y a la promesa de amor eterno, siguió la
inevitable separación; al producirse, el impacto de la distancia fue tal
que Gala durante unos meses sufrió fuertes ataques de fiebre; éste no
constituía, sin embargo, su único trastorno psicofísico. En realidad su
constitución era débil y para endurecerse se ponía a prueba duchándose
frecuentemente con agua helada. Psíquicamente evidenciaba rasgos de
inestabilidad; sus fuertes accesos de ira le llevaban a escupir con
frecuencia a la gente en la cara, hábito que con el paso del tiempo se
fue acentuando[1];
quizás por afán de aureolarse aun más de misterio, pero también,
posiblemente, por un ribete de mitomanía, le gustaba crear dudas y
fomentar falsas pistas sobre su pasado. Solía decir, por ejemplo, que
era judía o que su padre y su hermano la habían violado, nada de todo lo
cual parece ser cierto. Mantuvo siempre en secreto la fecha y el año de
su nacimiento y su signo zodiacal (proclamaba que su signo era Virgo
cuando sus rasgos corresponden con toda seguridad a Escorpio).
Eluard
solía llevar fotografías de Gala completamente desnuda que mostraba con
prodigalidad a sus correligionarios surrealistas. Introdujo a Gala en
una dinámica sexual en la que el voyerismo era tan habitual como la
bisexualidad o el exhibicionismo, los cambios de pareja o las orgías.
Solo había una modalidad erótica en la que Gala no podía competir: en
efecto, al parecer su anatomía le impedía ser sodomizada. Ambos tenían
amantes ocasionales y tal era una de las condiciones de su convivencia.
Sin
embargo, todos los datos inducen a pensar que Gala no sentía en
absoluto tentaciones bisexuales, pero Eluard, en cambio, si. En cierta
ocasión, la mujer de Max Ernst ‑quien ha sido definido como "el más surrealista de los surrealistas"‑ exhortó a Eluard para que impidiera el acoso al que Gala sometía a su marido, Eluard se limitó a espetarle: "Amo a Max Ernst mucho más que a Gala". Ernst, por lo demás, pintó a Gala con una serpiente enroscada en el cuerpo.
El
surrealismo no fue en absoluto un movimiento misógeno, de hecho las
mujeres participaron con sus pinturas y escritos; sus veladas se veían
animadas por la presencia de Meret Oppenheim, Leonor Fini, Valentine
Hugo y las esposas de Breton y Aragon, que por lo demás, eran buenas
escritoras. Gala, sin embargo, participaba poco en las discusiones y
escribía mucho menos; su única aportación al surrealismo fue un juego en
el que cada participante debía de escribir una palabra sin ver las
demás, para finalmente, intentar componer con todas las escritas un
texto surrealista. El juego, que pasó a ser una técnica surrealista, se
llamó "cadáver exquisito", las dos primeras palabras que salieron del
mismo. Y sin embargo, influiría más que todo el colectivo femenino del
movimiento surrealista, no tanto por su capacidad intelectual, como por
su atractivo que podemos calificar sin temor a exagerar de "mediúmnico";
fue el mismo Dalí quien empleó esta palabra para definirla a poco de
conocerla.
DALI, UNA SEXUALIDAD PROBLEMATICA
En
el verano de 1929, Dalí invitó a algunos miembros del círculo
surrealista -René Magrite, Camille Goemans, Eluard y sus respectivas
mujeres- a su casa de Cadaqués. Gala llegó cansada y malhumorada y la
primera impresión que se llevó de Dalí es que se trataba de un
coprofílico desequilibrado. Ya desde un principio la reacción de Dalí
fue completamente anómala: cada vez que intentaba dirigirse a Gala le
invadía un frenético ataque de risa. Esa primera noche, Dalí estuvo
realmente insoportable con sus comentarios escatológicos y la discusión
se orientó hacia la oportunidad de colocar unos excrementos en una tela
que estaba elaborando Dalí, "El juego lúgubre". El
pintor vestía una blusa diseñada por él, a juego con un gigantesco
collar de perlas falsas y una pulsera de dudoso gusto. Dalí dijo que
vestía de "chica soltera". Gala se sintió asqueada por la discusión y,
mucho más, por la risa histérica del pintor. Al día
siguiente el pintor se levantó dispuesto a dar una lección de
surrealismo vivido; se afeitó las axilas hasta sangrar, secó la herida
con azulete de planchar; se puso unos pantalones vueltos del revés y una
camisa cortada para mostrar el ombligo y los pezones; finalmente, se
untó con excremento de cabra, mezclado con gelatina y cola de pescado,
desprendiendo un olor insoportable; completó su esperpéntico aspecto con
una flor de geranio colgando sobre la oreja. Antes de salir de la
habitación ‑él mismo lo cuenta‑ miró por la ventana y a lo lejos, vió la
espalda desnuda de Gala e inmediatamente quedó prendado por ella; esa
misma espalda es la que luego, durante cincuenta años, periódicamente
fue llevando al lienzo.
En
1929 la sexualidad de Dalí se resentía de falta de madurez y había
tomado un camino patológico. Jamás había tenido relaciones sexuales y no
albergaba el más mínimo interés en hacerlo. La amistad con García Lorca[2]
le había puesto frente a la disyuntiva de las relaciones homosexuales
que jamás acepto plenamente -siempre se declaró no-homosexual- no tanto
por escrúpulos morales como por el miedo a la penetración anal y a toda
forma de contacto carnal[3].
Al igual que Eluard, la gran pasión de Dalí durante toda su vida, fue
una conjunción de voyerismo y onanismo. Por extraño que pueda parecer la
relación entre Gala y Dalí fue casi completamente casta[4];
en el entorno de la pareja se decía que jamás habían hecho el amor, lo
que probablemente fuera cierto; ninguno de los dos desveló completamente
el secreto íntimo de su alcoba.
El
miedo de Dalí por el contacto físico con mujeres llegaba hasta tal
extremo que incluso en sus experiencias voyeristas, muy habituales en
los años 60 y 70, guardaba una prudencial distancia de 3 metros... Esta
miedo procedía, de su niñez al ver, en las ilustraciones de un libro de
medicina, los destrozos causados por las enfermedades venéreas; visión
que le persiguió durante toda su vida. Su padre se atribuía injustamente
la responsabilidad por la muerte de su primer hijo que achacaba a una
infección contagiada al niño a través suyo y que habría adquirido en un
burdel. Para educar al futuro pintor y a su hermana en la higiene
sexual, el padre de Dalí, colocó en el comedor un libro sobre
enfermedades venéreas ilustrado con fotografías que mostraban órganos
genitales purulentos y horrorosamente deteriorados.
Dalí
contó al periodista Del Arco que la visión más surrealista de su
infancia no había sido una visión sino una realidad: al contemplar como
una madre levantaba a su niño de la cuna, pudo observar en el vientre de
éste una mancha negra peluda de gran tamaño que luego desaparecería[5].
A mediados de los años sesenta, Dalí y una amiga, tras una corrida de
toros en Barcelona, visitaron un burdel; allí Dalí pidió solamente ver a
las prostitutas y no soportó que ninguna se le acercara, ni mucho menos
que lo tocaran; si alguna hacía ademán de aproximarse, Dalí gritaba "la mancha, la mancha"
("la taca, la taca", en catalán)... aludiendo a la mancha negra que
afirmaba haber visto en aquel bebé durante su infancia y que relacionaba
con el horror sentido hacia la vagina femenina. El episodio reitera la
costumbre que Dalí había adquirido en París durante sus primeros años
como pintor, mirar, pero a distancia prudencial.
Al percibir la pasión que le unía inevitablemente a Gala, creyó que le debía a Eluard una compensación ‑"creí que me incumbía perpetrar la fisonomía del poeta al cual había arrebatado una de sus musas del Olimpo",
escribió‑ e inició un retrato que solo concluyó dos años después en el
que, a pesar de su pequeñez ‑apenas 35 x 25 cm.‑ contiene, no solo el
retrato del poeta, sino una serie de alusiones oníricas, algunas de
fácil lectura, y otras completamente herméticas que indican ya de por sí
la complejidad de la relación entre ambos artistas: unas manos que se
unen aludirían a la amistad existente entre ambos; las tenues alas de
mosca situadas en las sienes, casi imperceptibles, no serían otra cosa
que una evocación de la movilidad de la mente del poeta, dos imágenes de
fieras aludirían al carácter colérico hasta la violencia que acompañó a
Eluard hasta su muerte. El retrato de Eluard, iniciado durante la
presencia del grupo surrealista en Port Lligat, no pudo ser concluido
precisamente por la presencia de Gala: "Me impedía trabajar, se me insinuaba subrepticiamente en mi cerebro, me despersonalizaba".
Tanto la hermana de Dalí como Luis Buñuel, su amigo, confidente y
compañero de la Residencia de Estudiantes, percibieron, ya desde el
principio, una influencia negativa de Gala sobre el pintor. En ambos
casos se trató de un rechazo instintivo y visceral. Buñuel en Cadaqués
llegó a intentar estrangularla; ella, por su parte, regresó a París
convencida de que, el que luego sería famoso director de cine, la
perseguiría hasta matarla y Eluard debió salir de casa durante unas
semanas provisto de un pequeño revolver.
Buñuel
era el "duro" de todo este círculo de amigos. Su enfrentamiento con
Gala se remonta a los primeros tiempos de la relación entre ésta y el
pintor. Buñuel cuenta como realizó un comentario desafortunado sobre el
rechazo que le provocaban unos muslos delgados de mujer en presencia de
Gala; al día siguiente, observó que los muslos de Gala se caracterizaban
precisamente por la denostada delgadez. A partir de ese comentario,
Buñuel percibió una hostilidad manifiesta de Gala hacia él que
efectivamente se prolongaría durante décadas y entrañaría el alejamiento
de ambos amigos.
Tras conocer a Gala, Ana María Dalí, hasta entonces modelo del pintor, quedó anulada por la recién llegada, "y lejos de la imagen de mi hermana, Gala", escribió el pintor. Vindicó el nombre de su familia y el de su hermano en un libro ‑"Dalí visto por su hermana"‑
destinado a denunciar la perniciosa influencia del "grupo surrealista".
Ana María Dalí, mujer sensible y amante de la familia tradicional, no
podía soportar las disipadas costumbres de los surrealistas llegados a
Cadaqués; Gala no era el tipo de mujer que deseaba para su hermano y así
lo denunció siempre que tuvo ocasión; Ana María Dalí se sintió, en
cambio, extremadamente atraída por García Lorca de quien supo apreciar
su sensibilidad y parece evidente que atravesó un enamoramiento
romántico y juvenil para con el poeta que siempre la trató con una
exquisitez de la que solamente él era capaz.
EL AMOR MAGICO
Dalí
sintió siempre una veneración especial hacia Gala; le tributaba un
culto desmesurado. No era, desde luego, una mujer vulgar; su atractivo
se concentraba en los ojos más que en su cuerpo; Antonio D. Olano
escribió tras la muerte del pintor, refiriéndose a ella: "Ojos
azules unas veces, otras castaños. Ojos de lince, ojos cambiantes Ojos
que todo lo penetran. Ojos que no precisan el apoyo de las palabras para
mostrar agrado o descontento". Leonor Fini, que apenas contaba 18 años la conoció, describiéndola como "de piel oscura, casi del color del cuero (...) sus ojos muy azules, muy oscuros, muy negros, muy atentos a todo; manos morenas muy sensuales y finas, su andar muy seguro, un poco masculino".
La periodista Meryle Secrest, recuerda que Eluard fue el primero en
opinar que Gala tenía poderes mágicos en los ojos, su mirada podía
atravesar las paredes, y escribe: "Había algo irracional en el absoluto convencimiento de que sus ojos tenían poderes mágicos".
Si bien es cierto que sus piernas y rodillas permanecieron bien
torneadas hasta su muerte, producían un impacto muy inferior a aquellos
ojos penetrantes que fueron reproducidos en la portada de "La femme visible" publicado por las Editions Surrealistes en 1930; esos ojos ejercieron atracción sobre sus amantes hasta pasados los 80 años...
A Dalí le atraía algo más que el físico y los ojos de Gala. Era, como él mismo la define, "la otra parte de sí mismo",
su alma gemela, la persona cuya llegada siempre había presentido desde
que en la Escuela Laica del señor Trayter, viera la fotografía de una
niña rusa, montada en un trineo, perseguida por lobos y envuelta en un
abrigo de piel blanca de oso. Desde aquellos, ya lejanos días de
escolarización, presentía que iba a conocer a la niña rusa.
En
1960, Dalí realiza 100 xilografías en color (33 por el Infierno, 33 por
el Purgatorio y 33 por el Paraíso)para ilustrar una edición de "La Divina comedia" impulsada
por el gobierno italiano, la obra cumbre del gran gibelino,
representado en la primera plancha del Paraíso. Resulta inevitable
realizar un paralelismo entre la cofradía de "Los Fieles de Amor" a la
que perteneció el poeta florentino y Dalí que tan gustosamente acometió
este encargo. Dalí contó en una entrevista como la Beatriz de Dante tuvo
su equivalente en Gala. Y esto nos introduce en el tema del amor mágico
que mantuvo unida a la pareja y que estuvo en el origen de buena parte
del impulso creativo del pintor.
Ya hemos visto que Dalí se definía como un ser egoísta, "Yo, yo, yo y siempre yo",
decía de sí mismo. La amistad significaba poco para él y otro tanto
ocurría con Gala. La pareja veía a amigos y colaboradores como gentes
que querían aprovecharse de su relación con ellos y, toda su estrategia,
consistía en aprovecharse antes; sus amistades eran meros instrumentos
necesarios para el logro de sus fines, con algunos tenían más confianza
que con otros, pero todos eran vistos, finalmente, como instrumentos. Su
lema era simple "dar poco, recibir mucho". En el libro "Dalí al Desnudo" escrito por Manuel del Arco a principios de la década de los 50, lo reconoce explícitamente. Añade: "Nunca me ha gustado dejar dinero a los amigos; soy insensible al sablazo",
pero era insensible a muchas cosas más. Su ego era desmesurado: no
exagera cuando él mismo se califica de "divino", realmente llegó a
pensar que lo era. Si en alguna momento el pintor olvidaba
autodivinizarse, allí estaba Gala para recordárselo. A finales de los
años cuarenta un periodista preguntó a Dalí quien era el mejor pintor
vivo; citó, primero a Picasso y luego a Giorgio de Chirico. Gala le
rectificó: "El es el primerísimo, el más grande de todos". Dalí rectifico: "Estoy de acuerdo".
Su
egoísmo supremo -endiosarse- solo tiene un límite que es, a la vez, el
límite absoluto: lo que contrarresta la desmesurada expansión de su Ego
es precisamente el, no menos desmesurado amor que siente hacia Gala;
Dalí trabaja para Gala y acepta gustoso y sin rechistar que ella lo
espolee. Pinta, ante todo y sobre todo, para ella y por ella; la
representa como "madonna" haciendo abstracción de que sus contenidos
virginales han quedado lejos muy lejos, en los lechos del surrealismo y
luego entre los pescadores de Cadaqués, marchantes de arte, secretarios o
en cualquier otra alcoba inesperada. Una noche de 1931, Gala ha salido
con sus amigos y él permanece ensimismado por un camembert,
excepcionalmente oloroso que se estaba deshaciendo por la temperatura
ambiente; de repente, surgió la inspiración y en apenas unas horas de
trabajo sin descanso, creó lo esencial de una obra maestra; Gala vuelve,
ya avanzada la madrugada; él la está esperando despierto y le enseña el
fruto de su creación, "Los relojes blandos",
una de las más geniales intuiciones estéticas del siglo. Gala le
pronostica que por ese cuadro el nombre de Dalí será recordado por las
generaciones venideras. En "La persistencia de la memoria", más conocido como "Los relojes blandos", Gala no está representada pero planea sobre el cuadro. Dalí, casi al mismo tiempo que pintaba el cuadro escribía: "Gala, estas fuera de mi memoria / porque tu eres mi vida". Y unos años después aconsejaba: "Todo
buen pintor que aspire a crear auténticas obras de arte, antes de nada
debe casarse con mi esposa. Cualquier hombre puede tener una esposa,
pero sólo es Gala la que cura su espíritu, la que vive continuamente con
una esposa, la que adora las pinturas más que al pintor, la que tiende
una mano cuando lo piden las circunstancias, la que te previene hacer lo
que te interpone con el arte, la que alimenta tu glotonería; pero
también la que no hace nada, dejando que las potencias creadores tomen
su cuerpo; la que posa arquitecturalizando el espacio, la que desvanece
todas las angustias... la que hace algo cuando no hace nada".
Resulta evidente la diferenciación que Dalí hace de Gala-mujer de la
Gala-musa; esta última era que la que inspiraba una pasión creadora.
El
amor de Dalí hacia Gala fue tan desmesurado, exagerado, extremista,
como desmesurado, exagerado e ilimitado fue su Ego. Definió esta
atracción con una de sus extravagantes frases "Amo a Gala más que a mi padre, más que a mi madre, más que a Picasso y más incluso que al dinero".
Posiblemente, de no haber existido Gala, los cuadros de Dalí hubieran
sido egocéntricos y narcisistas hasta lo desagradable; con Gala tienen
la impersonalidad propio de toda obra de arte; y tal impersonalidad ‑que
el propio Dalí es el primero en reconocer‑ le hace posible abstraerse
de lo cotidiano y percibir otras realidades. Gala, a partir de 1929,
está reproducida en sus telas en todas las etapas de Dalí.
La
presencia de Gala y su inspiración despersonalizadora, le facilita el
desmantelamiento de su estado de vigilia y le abría las puertas a
estados alterados de conciencia: en efecto, al desplazar el eje de su
personalidad de sí mismo, a algo exterior a él, al entregarse a Gala con
toda la energía y convicción interior que muestra en "La Madona de Port Lligat", "La Leda Atómica"
o en telas posteriores en las que Gala es colocada en el mismo rango
que el Sol, Dalí utiliza la técnica que han seguido los místicos de
todos los tiempos: renunciar a sí mismo, entregarse a "otro" (a Dios, a
la Dama, al Grial, a la guerra, al trabajo, a la oración), para olvidar
su personalidad propia y vivir una experiencia impersonal y
trascendente. Inmaterial, esa experiencia no puede experimentarse sino a
través de estados de conciencia no condicionados por el cuerpo físico:
de ahí la importancia desmesurada de Gala en la vida de Dalí.
Algo
de Dalí murió al irrumpir Gala en su vida. El mismo lo corrobora al
justificar el nerviosismo que le invadió en aquel primer encuentro con
los surrealistas en el Cadaqués de 1929. En todas las ocasiones que Dalí
intentaba dirigirse a Gala le asaltaba una risa nerviosa: "No era una risa frívola, sino un cataclismo, abismo y terror" y compara su experiencia vital en aquel momento a la de un "visionario que mira por encima del abismo". La presencia de la mujer ha generado en hombres extremadamente sensibles una sensación doble: por una parte, miedo
a lo que se adivina de naturaleza disolvente -el poder del eterno
femenino cuyas aguas turbulentas pueden arrastrar y ahogar a quien no es
suficientemente fuerte como para resistir sus encantos-, pero también, y
de otra parte, una sensación de atracción irresistible, de
unión con aquello que se percibe es el complemento imprescindible en el
hombre. La "bella Friné", cortesana griega del siglo IV a. de JC, posó
para Praxíteles y fue acusada de impiedad. Mostrándose desnuda ante los
jueces, estos se vieron sacudidos por una sensación de terror: percibían
en ella la naturaleza terrible de la diosa del amor y de la belleza, de
la misma forma que Dalí creyó percibir en Gala algo trascendente que
luego se cuidó de intentar traslucir en sus pinturas.
Y
sin embargo, Dalí no buscaba feminidad en Gala, como tampoco la buscó
luego en Amanda Lear. Buscaba identificar al ser andrógino y creyó
encontrarlo en estos dos grandes amores de su vida. Llegado a este punto hay que remitir al lector a la metafísica del sexo[6] y al mito del andrógino del cual ya hemos hablado en relación al cuadro "Leda Atómica".
Son varias las doctrinas tradicionales que admiten que en el estado
edénico originario, no existía diferenciación sexual. Platón, para
ilustrar esta creencia presenta en "El Banquete",
un diálogo entre Aristófanes y Diotima del que parte toda una
concepción mágica de la sexualidad. Los primeros seres, según Platón, no
tendrían roles sexuales diferenciados, siendo andróginos, poseían los
dos sexos. "Su corazón alimentaba orgullosos propósitos"; en
efecto, quisieron alzarse contra los dioses y ser como ellos. Los dioses
para neutralizar su potencia los dividieron en hombre y mujer. A partir
de este mito, Platón explica el impulso erótico: el hombre y la mujer
verían en su unión sexual, un eco ancestral, remoto, de su unión
originaria, encontrando en el acto sexual el medio para reconstruir su
unidad andrógina perdida. La Biblia reproduce el mismo episodio en el
mito de la creación de Adán y de su posterior conflicto con Yavhé. Adán
está solo, no hay diferenciación sexual; Dios crea a la mujer separando
una parte de Adán. De esta diferenciación deriva la "caída". La
conclusión es idéntica a la del mito platónico: recomponiendo tal unión,
volverá a gozar del estado edénico originario. El tránsito del
andrógino a la pareja, supone un descenso de la Unidad a la Dualidad, a
la contradicción y el conflicto. Recomponer la Unidad supone situarse en
disposición de competir nuevamente con los dioses.
Este
concepto apareció en la historia del pensamiento antes y después de que
Platón enunciara el mito del andrógino. Las corrientes presocráticas,
el taoísmo, y la alquimia, entre otros, ya habían manejado
idéntica temática. Es suficientemente conocido el signo del ying‑yan
que entra dentro de este orden de ideas y con el que Dalí estaba
familiarizado -le dedicó un cuadro titulado "Ying y Yan ampurdaneses",
en el que dos figuras interpenetradas forman una unidad, sus dos
colores, blanco y negro, acentúan la polaridad- como mínimo desde 1936.
Dalí
se sintió inmediatamente subyugado por el mito del andrógino. Reconoció
la androginia en las obras maestras de los clásicos, supo que la
androginia era el estado natural de la divinidad y que era el camino
para realizar el sueño adámico-prometeico de "ser como dioses". La
androginia constituía lo contrario de la división de roles sexuales, esa
división que a él le había causado, desde pequeño, una ruptura
interior, angustia y miedo insuperables. El diagnóstico freudiano que él
mismo había hecho sobre su "caso", no implicaba el hallazgo de ningún
remedio; al conocer Dalí el mito del andrógino -esto debió ocurrir hacia
finales de los años treinta- comprendió lo que Gala representó para él y
por qué se supo atraído irresistiblemente por aquel cuerpo cuya espalda
le sugería sensaciones que primero se le antojaron contradictorias y
solo más adelante, andróginas: "Su espalda sublime, atlética y
frágil, tensa y tierna, femenina y mágica, me fascinó como años antes me
había sucedido con la de mi niñera. No podía ver más allá de aquella
pantalla de deseo, que terminaba en el estrechamiento de la cintura y la
redondez de las nalgas".
Dalí
tenía un obstáculo para vivir una unión carnal que le llevara al
orgasmo; es, justo en ese momento, cuando los amantes experimentan un
estado incondicionado, una ruptura con la conciencia ordinaria que puede
favorecer o facilitar experiencias de trascendencia. No era éste último
el caso de Dalí. El pintor tenía horror al contacto sexual. En 1935 en
el curso de un espectáculo en un cabaret parisino las bailarinas se le
acercaron demasiado a su mesa, Dalí se marchó llorando; nunca aceptó el
contacto sexual, ni siquiera una relación de proximidad[7].
Sus éxtasis creativos no tienen nada que ver con los climax derivados
de la unión sexual; Dalí era un masturbador nato ‑recuérdese el título
de uno de los cuadros que hizo furor en la primera exposición de sus
obras en París, "El Gran Masturbador", o bien "La acomodación del deseo"‑
pero tal práctica solo produce orgasmos disminuidos y jamás puede
llevar a los mismos climax que la unión sexual. El climax provocado por
la masturbación es siempre menos intenso que el derivado del coito, al
disponerse de menos estímulos eróticos directos. Frecuentemente el
onanismo puro y duro está ligado a la utilización de la imaginación con
fines eróticos, esto es, a un placer mental que tiene poco que ver con
el orgasmo, o bien a una sensación de impotencia e inferioridad en
relación a la mujer. En cualquier de los dos casos, queda reducido a un
placer exclusivamente genital. Esta afición por la masturbación impidió
que Dalí utilizara a Gala para alcanzar estados de éxtasis sexual; pero
no solo la unión sexual conduce a estados alterados de conciencia... Lo
supo en cuanto leyó a Dante.
Desde
el punto de vista de la "metafísica del sexo", la puerta hacia la
trascendencia, no tiene, necesariamente, por qué ser la unión física; en
realidad, esta unión es material y cualquier metafísica, implica
situarse "más allá" del mundo de los sentidos. Para reconstruir la
unidad andrógina primordial basta unir un "elemento masculino" con otro
"elemento femenino". Falta especificar los contenidos de tales
conceptos. Escuelas como los Fieles de Amor, algunos trovadores
gibelinos, la misma caballería medieval, sustentaban su sistema
simbólico en la idea de que en cada ser andaban los dos sexos: el alma,
la parte más íntima y trascendente del ser, constituye el elemento
masculino e ígneo, mientras que el femenino, sería el espíritu, es
decir, la parte mental, acuosa y volitiva, que estarían en la misma
relación que el sol y la luna o el azufre y el mercurio de los
alquimistas. A la estabilidad, la quietud, centralidad y polaridad
del alma y de sus equivalentes (sol, azufre, masculinidad), corresponde
la movilidad, variabilidad, volatilidad, inestabilidad, acuosidad del
espíritu (luna, mercurio, feminidad). Expresiones como "unirse a la
dama" o el mismo mito del andrógino, equivaldrían a liberar el alma
(masculina) de la prisión del cuerpo. Pero como decían los antiguos
alquimistas, las llaves de esta prisión las tiene Mercurio: el espíritu
(elemento femenino). Así pues para depurar el espíritu es preciso
"fijarlo", superar su movilidad. Dalí intuyó el espíritu como algo
volátil y móvil desde sus primeros tiempos entre los surrealistas; ya
hemos aludido al retrato de Paul Eluard que empezó a pintar en 1929, en
el que colocaba a la altura de su cerebro, una alas transparentes... en
efecto, en el cerebro, tradicionalmente, anida el espíritu y allí se
encuentra la fuente de la movilidad y mutalibilidad constante de las
ideas, los pensamientos y las fantasías.
Otras
tradiciones iban por idénticos derroteros. Tras todas ellas, el énfasis
se coloca en alcanzar una absoluta estabilidad y neutralización de la
mente. El yoga hindú considera imprescindible para llegar al "shamadi"
-el estado incondicionado- la fijación de la atención en un solo punto
y, a través de él, lograr la plena estabilidad mental. El secreto de las
técnicas de los caballeros herrantes, de las cofradías de trovadores y
de Fieles de Amor gibelinos, radicaba en que no se consideraba a la
"Dama" como un sujeto físico exterior, sino que a través de él se aludía
al "espíritu", la parte femenina del sujeto: fijando su atención sobre
ella, obsesionándose con ella, no albergando en la mente más que a ella,
ni distrayendo la atención con otra cosa que no fuera ella, se obtenía
el estado incondicionado. Esta técnica tenía mucho que ver con el
andrógino primordial, pues no en vano equivalía a la unificación del
espíritu (mente femenina) con el alma (masculina); de ahí que las
representaciones iconográficas que aluden a este tema tengan,
frecuentemente, el aspecto de un rey y una reina unidos ‑el "Rexbis" o
"Rebis"‑ el sol y la luna superpuestos o de un hombre y una mujer unidos carnalmente.
Entendidas así las cosas, la unión sexual, o la imagen misma del
andrógino se convertían en un símbolo, y, una vez más, Dalí tenía razón
al afirmar que el símbolo era el vínculo entre lo real y "lo
maravilloso". Tuvo muy claro, desde el principio, que ambos formaban una
sola persona: "Gala comprendió que Dalí era un genio y que sería su alma", escribió el pintor...
Las
cofradías iniciáticas a las que hemos aludido siempre tomaban como
"Dama" a una mujer inalcanzable, ya fuera por que estuviera casada o
bien por haber fallecido, o incluso se trataba de una construcción
completamente imaginaria. A esa "dama" se ofrecían las victorias, por
ella se atravesaban y se buscaban todo tipo de riesgos y aventuras,
buscando la renuncia sacrificial y la entrega absoluta a ella: vencer
los miedos, las pequeñas vanidades humanas, rechazar todo aquello que
desvía del "deber" (es decir, todo lo que era "depuración" del espíritu
en sentido estricto, el "solve" de los alquimistas) iba parejo a la
fijación obsesiva por la "dama" (es decir, "coagulación" del pensamiento
en ella, fijación en ese solo punto). Tal era la esencia de esta
modalidad del amor. Gala fue el elemento gracias al cual Dalí superó su
crisis interior, iniciada con el descubrimiento del freudismo, su
ingreso en el surrealismo, la ruptura con el hogar paterno y eternizada
por su neurosis sexual y su inmadurez emocional.
Siguiendo
las propias notas autobiográficas de Dalí, sabemos que en esa época,
poco antes de conocer a Gala, su mente estaba completamente
desorganizada, quizás por efecto de su crisis interior agravada por las
prácticas espiritistas del grupo surrealista a la búsqueda de "lo
maravilloso". Soñaba despierto, su risa nerviosa e incontrolable se
estaba volviendo endémica; en otras ocasiones se quedaba ensimismado y,
para colmo tenía alucinaciones. Ningún psicoanalista hubiera apostado
nada por su salud mental. Entonces apareció Gala, la pequeña rusa que
había identificado -"como un vidrio clavado en mi corazón",
dice- con la de sus recuerdos infantiles en la Escuela Laica del señor
Trayter. Gala dió estabilidad a su espíritu intranquilo y torturado: "Alejó de mí las fuerzas de la muerte",
escribió. Si al pensar en otras mujeres tenían sueños fálicos de
dominación, con Gala, su mente era incapaz de generar fantasías
eróticas, quedaba ensimismada y "fijada" en ella: "Tan pronto como estaba con ella, sus ojos, su voz, su sonrisa, borraban mis fantasías".
Los
aspectos problemáticos, disipados, obsesivos de Dalí hacia el sexo, sus
miedos, sus traumas de infancia y todo lo que remite a su "egoísmo", y
que precisaba disolver, nunca desaparecieron del todo; a medida
que fue envejeciendo sus temores, egoísmos y perversiones aumentaron en
proporción geométrica; pero a partir del encuentro con Gala y del amor
desmesurado que sintió hacia ella, apareció una contrapartida a su disolución; Gala, contribuyó a coagular y fijar,
el espíritu del pintor, estabilizar su mente, y ser, en definitiva, una
roca en el océano daliniano, a la que el pintor pudo asirse, encontrar
un punto de estabilidad al que fijar su mente. "Gala -dijo- se convirtió en la sal de mi vida, en la firmeza de mi personalidad, mi guía, mi doble", y en otra ocasión añadió: "Nada fuera de su muerte que representa la mía, puede conmoverme vitalmente".
Al
igual que los trovadores y los caballeros herrantes, Dalí no necesitaba
ser correspondido por Gala, la "dama", que durante casi 50 años aceptó
sin importarle aparentemente nada las constante infidelidades de su
mujer. En cierta ocasión, durante una sesión fotográfica en Port Lligat,
Gala pasó tras de él, una barca en la que navegaba con un desconocido
pescador. Dalí, exclamó sin el menor rastro de angustia y con evidente
indiferencia: "Soy el rey de los cornudos".
No
había nada en las indifelidades de Gala que Dalí desconociera, o mejor
todavía, no había nada en las infidelidades de Gala que le interesara lo
más mínimo; esas infidelidades eran cometidas por la "Gala-persona", no
por la "Gala-ideal". En cierto período sus secretarios personales eran
los amantes de su musa y ella los despedía en cuanto a ésta empezaba a
hastiarle la relación. El capitán Moore explicó a un periodista que "Gala me comunicó que debía irme, había encontrado otro amante más guapo y más joven...", y no fue ciertamente el único caso.
En 1932 y 1933 Dalí elabora los primeros cuadros inspirados directamente en Gala, entre ellos el tan famoso como minúsculo "Retrato de Gala con dos costillas de cordero en equilibrio sobre su hombro"; en la explicación que da del cuadro, dice Dalí: "en lugar de comerme a Gala, preferí comerme un par de costillas crudas", al acto de canibalismo que hubiera supuesto el "comerse a Gala" era entendido por el pintor como una
dramatización de la reconstrucción de la unidad andrógina primordial
definida en el mito platónico (aquello que se come queda incorporado a
la propia naturaleza). Por lo demás, es inevitable pensar que la
utilización de la costilla como material simbólico tenía que ver con el "Doctor es ahí donde me duele" de su admirado Dürer, donde la idea andrógina y el tema de la costilla de Adán quedan unificados.
En otro cuadro de la misma época -que resultó inacabado-, el "Comienzo automático de retrato de Gala",
unas formas arborescentes se superponen al cabello: la alusión al
cerebro ligada al elemento femenino es paladina, y, así mismo, la unión
de un elemento vegetal a la mujer hace de ella una fuente de fecundidad.
A este, seguirá otro cuadro significativo: "Gala y el angelus de Millet precediendo la llegada inminente de las anamorfosis cónicas";
la parte superior del cuadro reproduce la famosa tela de Millet,
mientras que la imagen de Gala sonríe a la vista de un cubo. A partir de
1939 la omnipresencia de Gala irá en aumento, hasta producir,
finalmente, obras tan notables como las "Madonas de Port Lligat", la "Batalla de Tetuán", el "Corpus hipercubicum"
y otras muchas más. Y esta tendencia durará hasta finales de los años
70 con el famoso cuadro de Gala en el centro de un espacio cuadriculado
cuya visión se transforma en el rostro de Abraham Lincoln ("Lincoln en Dalívisión") al alejarnos progresivamente. A partir de entonces, Gala desaparece de la obra de Dalí, si bien, sigue presente en su pensamiento. ¿Qué había ocurrido?
LA LEY DEL KARMA: CAUSA Y EFECTO
Entre
1929 y 1979 transcurrió medio siglo, en ese período tan dilatado Gala y
Dalí permanecieron juntos, ella jamás le ha sido fiel del todo, pero
nunca ha terminado por abandonarlo completamente en beneficio de
cualquiera de sus amantes. Los años han causado estragos en ambos; entre
sorprendidos y atemorizados, ven, uno reflejado en el otro, su
progresivo deterioro físico.
A
partir de los primeros años 70 Gala se vuelve cada vez más áspera e
intratable hacia Dalí y cuantos le rodean; llega a encerrar al pintor,
sin comida ni bebida, en su estudio de Port Lligat, para que termine
algún pedido. Su implacabilidad, no conocen límites. Gala, por lo demás,
en ese tiempo ha extremado su ludopatía; aprovecha el terror que
provocan los aviones a su marido para ir a Nueva York en crucero gastar
enormes fortunas en la ruleta. El progresivo déficit se enjuga engañando
a Dalí: las litografías que no deberían imprimirse en más de 2.000
ejemplares extienden sus tiradas hasta 7.000 y quizás más; se rumorea
que Dalí firma solo telas en blanco que algún imitador autorizado ‑de
los que al menos se conoce el nombre de uno‑ completa. Gala, siempre
ávida de dinero, vuelve esta atracción particularmente detestable: suele
exigir que le paguen al contado y se apodera de los billetes con una
codicia indisimulada, colocándoselos entre el escote o bajo los muslos,
de manera brusca y desagradable, caricaturescamente codiciosa. Puede
entenderse porque los surrealistas la habían llamado ya cincuenta años
antes "la caja registradora". Y así van pasando sus últimos años en común.
Sorprendentemente,
lo que primero se deteriora no es tanto su físico como sus relaciones.
Parece increíble que dos personas que en su período de plenitud hubieron
vivido situaciones difícilmente digeribles, sea en su senectud, cuando
acometan una guerra civil destructora que se tradujo en varias ocasiones
en agresiones físicas.
A
mediados de los 70, en París, paseando por el boulevard de
Montparnasse, discutieron violentamente en plena calle; Dalí se dejó
caer en el suelo sin que Gala dejara de golpearlo con su propio bastón e
increpándolo con todo tipo de insultos. En 1981 la discusión tendrá
lugar en el Hotel Meurice, en la céntrica rue Rivolí, donde la pareja
tenía una lujosa suite. En esta ocasión, Dalí golpeó a Gala. Unos meses
después se repitió en agosto del 81 la misma situación en Port Lligat,
solo que en esta ocasión, al parecer, la agresión partió de Gala. El 24
de febrero de 1982, la versión oficial explica que Gala sufrió un
accidente cayendo en el baño; pero el tiempo ha sido incapaz de mantener
oculta verdad de lo sucedido. Al parecer Dali se enteró de que Gala
había hecho con sus cuadros alguna operación de la que no estaba al
corriente y la agredió con tan mala fortuna que cayó al suelo no sin
antes propinar algunos golpes a Dalí en el rostro; esto explicaría por
que en los días siguientes, tras haber ingresado a Gala en el hospital
de Figueras, Dalí fuera visto con unas tupidas gafas de sol cubriéndole
lo esencial de las facciones. A lo largo de años, Gala se había cuidado
el rostro con multitud de cremas y preparados químicos, la brusca
interrupción en la aplicación de tales afeites, unido a la rotura
traumática de costillas, hizo que la piel de Gala se agrietara aflorando
decenas de pústulas y llagas. Día a día, su salud se fue quebrantando
hasta que falleció durante la noche el 26 de mayo de 1982.
Es
significativo que solamente estallaran los problemas de convivencia en
los últimos años de matrimonio. A estas altura ninguno de los dos debía
llamarse a engaño: se conocían lo suficiente como para saber cuales eran
sus méritos y carencias. Pero no; hubo que esperar a los últimos 5 años
para que estallara la relación, justo en los momentos en los que
parecía más incomprensible que así fuera. Y sin embargo...
En la personalidad juvenil de Gala hay un elemento que todos los que la conocieron coinciden en destacar: sabía cuando
una
obra de arte o alguien triunfaría y qué o quién pasarían
desapercibidos. En esa época le interesaba sobre todo asentar su
posición económica en París; no disponía de mucho dinero y la poesía de
Eluard, aun cotizándose, no les permitía siquiera mantenerse; debieron
vivir de las empresas del padre de Paul. Gala estaba dispuesta a buscar
aperturas en otras direcciones. Desde el principio vió en Dalí alguien
llamado al triunfo; el Tarot y la Astrología le habían confirmado esta
intuición: y ella colaboró, más que ningún otro, en encarrilarlo por la
senda del éxito. Esta seguridad de Gala en el triunfo futuro de Dalí,
tenía su contrapartida en la sensación irracional de que gracias a Gala,
su salud y su creatividad resultaban renovadas y fortalecidas. Le
atribuía una cualidad regeneradora.
Fue
Gala la que, tienda por tienda, vendió los maniquíes y los objetos
surrealistas diseñadas por Dalí. Fue ella quien organizó el "Grupo
Zodíaco", para que Dalí pudiera ejercer su oficio de creador artístico.
Fue Gala quien lo ayudó más que nadie en sus primeros pasos en París,
quien le animó y convenció para que fuera a Nueva York, la que le obligó
a trabajar sin descanso, la que le abrió puertas a través de la
utilización sexual de su cuerpo con quien podía ayudar a Dalí en su
carrera; en las horas del triunfo, el camino más directo para obtener un
contrato ventajoso con Dalí, era pasar por el dormitorio de Gala, tal
como alguien recordó a la muerte del pintor.
Gala vió en Dalí a un ser llamado para el éxito y se unió a él: lo sedujo y lo cautivó. ¿Utilizó
Gala algún tipo de influjo paranormal para lograr tal estado de
posesión? En brujería y "magia simpática" existe un principio según el
cual los efectos de cualquier acción no son eternos; al contravenir las
leyes de la naturaleza, los efectos perseguidos tienen un límite de
duración en el tiempo, cumplido el cual, provocan bruscas reacciones en
sentido contrario. Los cincuenta años de estabilidad de la pareja,
fueron seguidos por cinco años de hostilidad creciente, como si un
hechizo se hubiera roto y el sello que contenía todas las
contradicciones y el potencial explosivo de dos carácteres completamente
diferentes, hubiera estallado. Los hindúes llaman a esto "karma": la
ley de las causas y los efectos; una operación mágica, genera,
finalmente, un efecto compensatorio que restablece el equilibrio de la
naturaleza; la operación mágica, lo único que puede lograr es una
situación de desequilibrio temporal, más o menos amplia, a la que
sucederá un efecto opuesto, más o menos violento. Dalí, en varias obras
autobiográficas, intenta racionalizar los motivos que le llevaron a
sentirse atraído por Gala. Vió en ella un alma gemela, la parte femenina
de sí mismo; antes o después, el pintor debía encontrar a una mujer,
solo que esa mujer fue Gala y ninguna otra de las muchas que solían
acudir a los centros de reunión surrealistas.
Gala
no era, ciertamente, una persona devota, pero tampoco podía decirse que
fuera atea: no solo era creyente, sino que además tenía aptitudes para
penetrar en el mundo de lo suprasensible. Ya hemos mencionado que en
muchas veladas surrealistas se erigió en médium espiritista; así mismo
practicó la escritura automática; llegó a predecir con anterioridad el
día que estallaría la guerra y la fecha en que Francia se rendiría a las
tropas de Hitler. Ya en la tercera edad, trabó buena amistad con Mia
Reutjeus, modelo holandesa de alta costura, tarotista empedernida, muy
vinculada a medios ocultistas, que coincidía con las impresiones que
tuvieron otros años anteriores, y con el mismo Dalí, sobre las aptitudes
paranormales de Gala; otra amiga de la pareja reconocía que era capaz
de leer, no solo la mente de Dalí que conocía bien, sino de personas que
le acababan de presentar. A pesar de que Gala se crió en el
cristianismo ortodoxo, se convirtió al catolicismo en febrero de 1917,
al casarse con Eluard. Carecía por completo de formación religiosa y lo
ignoraba prácticamente todo sobre la Iglesia Ortodoxa Rusa; sin embargo,
algunos amigos de la familia, se llevaron la impresión de que se
trataba de una mujer extremadamente religiosa, rezaba con frecuencia e
incluso profesaba gran veneración a un icono ruso que tenía siempre
cerca y representaba a la Virgen Negra de Kazán; la habitación del
castillo de Púbol en donde pasó sus últimos meses, estaba, saturada de
rosarios y crucifijos. Al aproximarse la muerte tomó los últimos
sacramentos según el rito de la Iglesia Católica.
Así
como Dalí estaba aterrorizado con la idea de la muerte, Gala no
manifestó en ningún momento miedo a abandonar este mundo e incluso le
gustaba familizarse con situaciones en los que la muerte y la crueldad
constituían el centro. Hubo ciertamente alguna componente
sado-masoquista en Gala. Al escritor Peter Bowles le dijo textualmente: "Quiero que me pongan en una jaula y me alimenten a través de los barrotes", al preguntarle éste por qué, ella no dudó en responderle: "Por qué será para mi placer".
Por otra parte, una de sus amigas más apreciadas era Marie Laurie de
Noailles, descendiente del Marqués de Sade que conservaba en el interior
de un falo de cuero, el manuscrito original de "Los 180 días de Sodoma".
También hemos aludido a su obsesión por el suicidio y la
autodestrucción. En septiembre de 1929, tras concluir las vacaciones en
las que Dalí se enamoró de Gala en Port Lligat, Eluard volvió a París
con su hija, Cecile. Gala permaneció en el Empordà un mes más. En el
sendero que conducía a las rocas, Dalí cogió a Gala por el pelo y le
dijo: "Dime que tengo que hacer. Dímelo con obscenidad, así me convierto en un animal y en un hombre". Gala se limitó a decir: "Mátame". Dalí pensó entonces tirarla desde lo alto de la Catedral de Toledo; pero añade: "Gala
me liberó de mi crimen y curo mi locura. Mis síntomas histéricos
desaparecieron uno tras otro. Una nueva salud brotaba como una rosa de
mi cabeza".
Hay
que unir a estos rasgos, lo dicho en relación a los contactos del
surrealismo con lo paranormal, el resultado será una Gala que logró
hechizar a Dalí a pesar de sus características, resumidas brutalmente
por el surrealista español Ernesto Giménez Caballero que la definió
como: "mujer sin sexo, violenta y estéril". En el "Diccionario
Abreviado del Surrealismo", Gala aparecía definida como "mujer estéril"
(lo cual era cierto pues tras el nacimiento de Cecile, había sufrido un
fibroma quístico y la amputación de los ovarios). La propia hermana de
Gala declaró a la periodista Chantal Vieuillé que de joven sufrió
trastornos de personalidad y se sintió durante toda su vida próxima a la
locura, una característica, por lo demás, que encontramos
frecuentemente en las personas dotadas para la mediumnidad[8].
GALA SATANICA.
Las
biografías de Gala están escritas a la sombra de los hombres notables
que frecuentó. Es difícil saber si Gala frecuentó en París otros
ambientes al margen de los estrictamente surrealistas. Nos inclinamos a
pensar que así fue. En la biografía de Gala existen, dispersos, aquí y
allí, distintos elementos que indican que conocía determinadas técnicas
mágicas. Ya hemos aludido a María de Naglowska, rusa como Gala, hija de
un oficial ruso gobernador de Kazán, tierra natal de Gala, habitual de
los círculos ocultistas parisinos y "sacerdotisa de Satán", organizadora
de charlas, tertulias y cursillos en el mismo local donde se reunían
los surrealistas en Montparnasse y en los mismos años... parece difícil
que ambas mujeres no se hubieran conocido antes o después. Gala procedía
de San Petersburgo, ciudad que "en 1913 estaba repleta de satanistas, luciferinos, adoradores del fuego, magos negros y ocultistas"[9].
Hasta aquí, los vínculos de Gala con el satanismo son apenas
circunstanciales y prueban poco... pero la biografía de Gala y su
influencia sobre Dalí y sus amantes es mucho más explícita.
Incluso
a sus 80 años, Gala fascinaba a muchos hombres que la conocían; la
secretaria del capitán Moore, Paula Pelosi dijo a la periodista Meryle
Secrest, que "Gala tenía ochenta y tantos años y, de espaldas parecía una mujer joven, tenía un andar garboso y la espalda muy erguida".
Desde hacía décadas, era raro que quien la deseaba la tuviera. Ella
prefería elegir a sus amantes e incluso pagarles. En los últimos años de
su vida, el "caché" de estos gigolós ocasionales ascendía a 1.000 US$
en la cotización de la época (mediados de los años 70); los amores que
mantuvo con William Rotllein y Jeff Fenholt son suficientemente
significativos de la sexualidad de Gala en esa época terminal de su
vida.
Rotllein,
era físicamente tan poco atractivo como su adicción a las drogas y al
alcohol; frecuentemente intoxicado de lo uno y de lo otro, Gala y él se
juraron amor eterno sobre la tumba de Romeo y Julieta. Ella tenía una
particular atracción por este tipo de sujetos. Uno de sus romances más
escandalosos se desarrolló a partir de 1973 y tuvo como objeto del deseo
a Jeff Fenholt protagonista en Broadway de la ópera rock "Jesucristo Supestar".
En ese período conoció a los Dalí. El éxito de la ópera rock le obligó a
representarla todos los días de la semana; llegó a pesar 55 kg.,
agotado por el stress y sufrió rotura de una arteria en el curso de una
representación. Gala se encaprichó con él y lo visitó diariamente al
hospital. Al recuperarse lo invitaron a Port Lligat en donde permaneció
largas temporadas a principios de los años setenta. Llegaron a hacerse
cargo de algunas facturas que Fenholt no podía afrontar. La atracción
que Gala sufría hacia el joven fue mayor que la que sintió hacia ningún
otros de sus amantes. En el entorno del pintor, circularon incluso
rumores de separación. En la primavera de 1981, Gala quería regresar a
Estados Unidos para ver a Fenholt; el resultado fue una violenta disputa
que acabó con Gala en el Hospital Americano de Neully con un par de
costillas fracturadas. Fenholf, como Rotllein, salieron completamente
destruidos de la relación con Gala. Recibieron dinero y propiedades,
pero perdieron mucho en la aventura. Fenholt atravesó una época de
alcoholismo, se inició en el camino de la heroína y su carácter e
ideales se volvieron agresivos, áridos y destructivos. Gala le regaló un
rancho en Long Island y una colección de pinturas de Dalí que vendió a
los pocos meses, para proveerse de la dosis habitual de droga y
financiar los gastos de su terapia de recuperación. Para colmo, según
cuenta Amanda Lear, figuraría entre los impulsores del grupo de rock
satánico "Black Sabbath". En cuanto a "Aldi", el joven gitano, sosias de
Dalí y amante de Gala, moriría a causa de las drogas poco después.
Era
frecuente que en las sobremesas celebradas con sus invitados en Port
Lligat -los "dalinianos"- y en el curso de las cuales divagaba sobre lo
divino y lo humano, Gala apareciera apoyada en el muro, con una copa de
champán en la mano y le dijera con voz crispada: "Eres un impotente".
Gala no era muy considerada con sus invitados; solía expresar su
opinión sobre ellos de manera directa y, frecuentemente, brutal. A
Amanda Lear que telefoneó para interesarse por la salud de Dalí, Gala le
dijo que no le gustaba como cantaba y "tenía voz de viejo borracho".
El pintor Carlos Lozano contó como Gala, inopinadamente, quemó a un
joven con un cigarrillo y arrojó sobre otro un vaso de vodka solo para
llamar la atención. Cada noche Gala y Dalí seleccionaban de entre sus
invitados aquellos que debían acompañarlos a cenar: "Tú, tú y tú, pero tu no",
la exclusión era signo de que el "daliniano" en cuestión, favorito
hasta ese momento, había caído en desgracia. Las más de las veces
rechazaban a tal o cual favorito por puro sadismo.
Leonor
Fini dió testimonio del comportamiento anormalmente sádico de los Dalí
y, particularmente, de Gala. La, por entonces, joven pintora surrealista
argentina, compartió vecindad con la pareja antes de la guerra, en la
Arcachón. Solían visitarse a menudo y cenar juntos. Leonor Fini, supo
que Gala criaba, desde hacía meses a un conejo blanco, prodigándole todo
tipo de cuidados. Una noche, sin más, Gala mató al conejo, lo desolló y
lo guisó, ofreciéndolo a Leonor Fini, a sabiendas de que la argentina
era una gran amante de los animales. Por su parte, el príncipe
Faucigny-Lucinge, uno de los primeros mecenas de Dalí, confirma el
sadismo latente en gala: "Era una mujer dura, sin un átomo de
sensibilidad de ningún tipo. Dura y sin corazón (...) tenía una
personalidad fascinante. Era una bruja, pero una bruja atractiva".
En Dalí esta componente sádica se encuentra igualmente presente. Su
piscina de Port Lligat -en forma de falo, por otra parte- tenía un fondo
cubierto completamente por erizos; los invitados, aterrorizados, nunca
jamás se sumergían; pero todo era una ilusión óptica: sobre los erizos
se encontraba una plataforma de vidrio transparente que impedía que
nadie se dañara. El testimonio de William Nichols, editor y
coleccionista de arte, es igualmente significativo. Nichols encargó un
retrato de su esposa que pagó al contado a Gala; el cuadro resultó
horrible, hasta el punto de que, ni siquiera se tomaron la molestia de
enmarcarlo y lo almacenaron, lamentando el dispendio económico. Poco
después donaron el cuadro para un rifa benéfica. Cual no sería la
sorpresa de los Nichols, al encontrarse a Dalí en Nueva York, al cabo de
unos meses: "Quiero comunicarles que el retrato lo compré yo. Lo
tengo guardado y le estoy clavando alfileres. Porque, como ustedes
sabrán, tengo poderes mágicos. ¿Y saben donde voy a clavar los
alfileres? En los ojos...". No se trataba de una broma; Dalí
siempre había sido muy aficionada a la magia e incluso tenía una visión
muy concreta de su función. En "Camuflaje total para una guerra", escrito en 1942, podía leerse: "La magia, en último término, es simplemente el poder de materializar la imaginación en la realidad", definición que parece sacada de María de Naglowska a quien ya hemos aludido.
La
relación con Dalí aportó a Gala la tranquilidad y la seguridad
económica que solo pueden dar la compañía de un genio reconocido en
vida; pero, además, en la vida le interesaba el placer y otros
"beneficios" que, intuía, podían derivarse de la sexualidad; y este
terreno, lo que Dalí estaba dispuesto a aportarle era poco o nada.
Durante los primeros años de su relación, Gala no desdeñaba participar
en las sesiones de "investigación sexual" que organizaban los
surrealistas, en los que cada asistente vencía su timidez inicial y
relataba sus sueños y experiencias eróticas. Gala destacaba
frecuentemente por lo descarnado, provocador y procaz de sus relatos.
Más adelante, a mediados de los años sesenta, Dalí organizó verdaderas
orgías eróticas en Port Lligat, a las que asistía como "voyeur"; él las
llamaba "masas sexuales". Gala permanecía indiferente, sino distante y,
muy frecuentemente ni siquiera aparecía. En esa época, el pintor -a
través de sus secretarios o de "Verité" (Du Barry)- no dudó en alquilar
palacios y mansiones señoriales que llenó con enanos y travestidos,
tullidos, "freakers" (es decir, anormalidades). Dalí no tenía el menos
escrúpulo en confesar que "gasto considerables sumas en banquetes,
regalos, trajes y salidas para lograr mis fines y subyugar, fascinar a
mis actores. Invento las perversiones más sabias, convenzo a alguno de
los participantes a que realice los actos más locos y exijo su entrega
total, impongo mis caprichos más extremos". En esos años conoce a
Amanda Lear. Habitualmente estas "masas eróticas" estaban formadas solo
por una pareja o un trío. Dalí solía animar al varón a que sodomizara a
la mujer; tanto en este tipo de penetración, como en cualquier otro, no
soportaba que los amantes se animaran excesivamente; de ocurrir esto, no
dudaba en interrumpirlos. Se solía situar a la prudencial distancia de
la pareja o el trío y extraía inspiración de las imágenes de lujuria que
vivían para él. Justificaba estas sesiones haciéndose eco de la
plurimilenaria "metafísica del sexo", Dalí había dicho: "el erotismo es el camino regio del alma hacia Dios";
en realidad, los tantras budistas no habían escrito otra cosa... Sin
embargo, desde los escolásticos se tenía conciencia de que la divisoria
entre el placer que procura la mística y el que procuran los sentidos es
tan tenue como un papel de fumar. El "período místico", había quedado
atrás, muy atrás, en el pintor...
En
varias escenificaciones de "masas eróticas" se pudo ver a Dalí caer al
suelo hincado de rodillas y reír compulsivamente; quizás alguien piense
que solía consumir drogas psicodélicas, LSD, marihuana, etc., pero no;
era lo suficientemente temeroso de lo desconocido como para rechazarlas a
diferencia de otros surealistas que, literalmente, se alimentaron
durante años de opio y haschish o figuraron entre los primeros en
descubrir la psicodelia a través de las drogas. El mismo, en sus "50 Secretos Mágicos para pintar", desaconseja el uso del alcohol y cualquier otra droga y dice textualmente "El pintor no mascará más de tres veces haschisch en su vida".
Gala
operó sobre hombres como Fenholt y Rotlein lo que no pudo hacer con
Dalí dadas las circunstancias sobre las que discurría la sexualidad de
éste. Su relación con amantes y gigolós puede calificarse de un
verdadero vampirismo sexual. Así puede entenderse el estado en el que
quedaron aquellos que mantuvieron con ella una relación más dilatada,
elegidos, ya de por sí, entre los que habían iniciado un camino de
desintegración personal a través de las drogas y veían su fuerza de
voluntad debilitada. Todos los testimonios coinciden en afirmar que era
imposible calcular la edad de Gala, su piel era tersa y suave y sus
piernas y busto siguieron bien torneados hasta mediados de los 80 años.
Gala se sometió a diversas operaciones de cirugía estética hasta que la
piel de su rostro quedó tan tensa que le restó expresividad. El 18 de
octubre de 1981 la Agencia EFE, emitía un "flash" haciéndose eco del
viaje que preparaba Gala a una clínica argentina para someterse a la
!undécima operación de estiramiento facial! La operación no pudo tener
lugar por el estado de salud de Gala que se agravó poco después. Para
colmo se sometió al mismo tratamiento de terapia celular, con fines de
rejuvenecimiento. El escritor Somerset Maugham que también lo siguió,
comentó que, como efecto secundario, aumentaba la excitación de la
líbido.
Gala no buscaba y había sido muy explícita al respecto: "Me importa poco ser querida, no amo a nadie";
eran fuerzas y energías para continuar viviendo lo que buscaba y
encontraba en sus amantes. A principios de los años 80, Emilio Puignau,
constructor, amigo y confidente de Dalí, acompañó a Gala a visitar al
doctor barcelonés que la trataba -"seguramente de alguna dolencia imaginaria", añade Puignau- le pagó la minuta y conversó un rato con él. El doctor le dijo: "Yo
no sé como convencer a Gala de que la idea que se le ha metido en la
cabeza y que la tiene obsesionada es totalmente falsa, que no se aguanta
ni con pinzas. Imagínese que está plenamente convencida de que cuando
hace el amor con un hombre joven y fuerte, el esperma que penetra y
permanece en ella es la única vitamina que puede servir para
rejuvenecerla. Eso, según me contó, lo leyó en un libro de ciencia de un
autor muy importante, debía de tratarse de algún libro de magia o
brujería, y aunque yo le digo que científicamente esto no puede ser
verdad, que no tiene lógica, no hay forma de hacerla desistir de esta
idea, ella sigue con esta esperanza"... Gala conocía, pues, las
técnicas de vampirismo sexual y las aplicaba con sus amantes. Estos,
frecuentemente, quedaban destrozados por la experiencia.
La
relación con Dalí era diferente, Gala se limitaba a ser su madre
espiritual, su musa, la administradora de su talento, deseaba vivir a la
sombra de un genio, sabiendo que buena parte de su genialidad se la
debía a ella. El, por su parte, precisaba un punto de fijación para su
creatividad, un soporte para sus delirios y también, en un plano más
prosaico, alguien que lo cuidara, administrara y le conminara a vencer
sus miedos atávicos.
Ambos,
se compenetraron hasta que el encanto se deshizo. Y se deshizo antes
por parte de Gala que de Dalí. En 1980, el periodista Denis Taranto,
entrevistó a una Gala extremadamente agresiva y hostil que no se recató
en decir "Me importa poco si Dalí me ama o no. Personalmente yo no amo a nadie".
El pintor, a decir verdad, permaneció fiel hasta su muerte a la mujer
que compartió su vida durante medio siglo. Si bien es cierto que en los
últimos meses de vida de Gala, Dalí pidió a su secretario particular que
lo protegiera de las amenazas y las maniobras de ésta, una vez
desaparecida, el pintor se mostró que literalmente incapaz de vivir sin
su musa. Se negó a comer y a beber, permanecía obsesionado por la idea
de que se ahogaría al intentar tragar los alimentos; no es extraño que
al ser ingresado en el hospital aquejado de quemaduras en el curso de un
incendio fortuito, los médicos apreciaran un avanzado estado de
desnutrición. Los pocos cuadros que salieron de sus pinceles tras la
desaparición de Gala, son fundamentalmente obras desgarradas,
angustiosas. Nunca nada semejante a nuevas Madonas.
[1] Dalí sostenía que "en muchas religiones, el acto de escupir revela a menudo un carácter sagrado".
Habría que puntualizar que esto es cierto solo a medias: solamente
ocurre en las religiones de tipo chamánico o animista y en ciertos
rituales de brujería y magia negra.
[2] En
la Residencia de Estudiantes existía una complementareidad entre Lorca y
Dalí que nos muestra, hasta qué punto, el pintor fue evolucionando en
años siguientes, adoptando posturas que antes habían sido patrimonio de
Lorca. El poeta tenía un espíritu religioso del que Dalí era, en la
época, su antítesis. Dalí dijo que "no recordaba de aquel tiempo la más pequeña inquietud de orden metafísico" y "toda referencia al mundo interior me dejaba indiferente". En los siguientes veinte años, todo iba a cambiar.
[3] Dalí escribió sobre su relación con Lorca:
"El era homosexual, como todo el mundo sabe, y estaba locamente
enamorado de mí. Intentó joderme en dos ocasiones. Me enfadé mucho,
porque yo no era homosexual y no tenía interés en ceder; además duela.
Así que aquello quedó en nada. Pero me sentí muy halagado por cuestión
de prestigio. En el fondo, consideraba que era un gran poeta y que le
debía un mínimo trozo del divino ano de Dalí". Y en otra ocasión dió más datos: "Si
[Lorca], estaba enamorado de mí. Pero la cosa quedó en pura amistad.
Aunque pienso que él siguió enamorado de mí. Después se enamoró de
varios chicos, pero yo creo que Dalí fue su gran pasión, sobre todo en
el tiempo en que me escribió la famosa "Oda". Yo lo
quería a él. Pero nunca me dejé llevar por sentimentalismos con los
amigos. Entre los dos se estableció una especie de rivalidad. El
comenzaba a ser ya muy conocido, estaba sobresaliendo mucho. )Por qué no aprovecharme de su amistad, yo que quería desbancarlo, ser el primero? !Siempre he querido ser primera figura!". Dalí,
en su niñez, sintió una atracción amorosa hacia un compañero de clase
-llamado "Butxacas", en catalán, bolsillos, por la chaqueta que llevaba
llena de bolsillos-; se trató de una atracción infantil sobre la que
Dalí escribió: "Desde mi primer desengaño amoroso con Butxacas, he sentido siempre una completa indiferencia sexual con respecto a los hombres".
[4] En 1972 dijo en el curso de una entrevista: "Yo
soy de una fidelidad tan grande hacia mi esposa que, aunque quizás
nadie me crea, puedo asegurar algo que es completamente verdad: yo nunca
he hecho el amor con otra persona que con Gala. !Jamás, jamás,
jamás!!La primera y nunca más!. Antes, había reconocido que veinte
años después de encontrar a Gala, él todavía seguía siendo "virgen".
María de Naglowska enseñaba en París en 1930 que "la virginidad es la gran virtud satánica" y lo argumentaba diciendo que la virginidad "era rebelde a la generación y a la vida".
[5] Intentó
representar esa visión en las horquillas que situó a la altura del sexo
de las dos Victorias de Samotracia enfrentadas en la composición
escultórica titulada "Lilith ‑ homenaje a Raymond Roussel".
Es significativo, en cualquier caso que la composición tome el nombre
del "sol negro", la mujer perversa de la tradición hebrea y que su sexo
tenga un carácter erizado e intranquilizador. Dalí profesaba gran
admiración hacia Roussel; ocultista, considerado como el padre de los
surrealistas, era un hombre excéntrico, de quien nadie dudaba su
extraordinaria imaginación y sus conocimientos ocultistas. Roussel había
nacido en el boulevard Malesherves de París, hijo de un rico burgués,
escribió "Impresiones de Africa" y a los 56
años, en 1933, se suicidó. Se conversa la tarjeta que Roussel envió a
Dalí para agradecerle el envío de un ejemplar dedicado de su libro "Babaou". En "Mi Revolución Cultural", Dalí rindió un último homenaje "a la poética anti-Julio Verde de Raymond Roussel", de quien dice que es "víctima del materialismo", junto con Llull, Paracelso, Pujols y Sibiuda.
[6] Una visión extremadamente completa de este tema puede encontrarse en el libro de Julius Evola "Metafísica del Sexo" (op. cit.) que, sin duda, Dalí conocía.
[7] Todo
induce a pensar que la neurosis sexual que padeció Dalí a lo largo de
toda su vida, tenía múltiples orígenes y uno de ellos era, precisamente,
su inseguridad. Se consideraba mal dotado. "Había leído una novela pornográfica explica-
en la que el Casanova de turno cuenta que, cuando penetra a una mujer,
oye la rotura del himen como si fuera una sandía. Por tanto, me dije,
eres incapaz de hacer que una mujer se rompa como un melón".
Seguramente en esta obsesión radicaba también su rechazo a una
sexualidad convencional y su entrega al onanismo. No tenía el menor
inconveniente en reconocer que era "totalmente impotente".
[8] La
otra característica propia de los médiums y paragnostas es el haber
sufrido un trauma, frecuentemente ligado a un accidente o a una grave
enfermedad. Hay que recordar que el Diccionario Abreviado del
Surrealismo define a Gala como "mujer violenta y esterilizada", pues,
efectivamente, había sido esterilizada a causa de un fibroma quístico,
al poco de conocer a Dali. Igualmente grave fue la afección pulmonar que
le llevó a Clevedel donde conoció a Eluard. Habitualmente, una
enfermedad grave genera un trauma que abre determinadas capacidades
paranormales; tal puede ser en Gala el origen de su acusada intuición
que va mucho más allá de lo común.
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